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A. Castellano: Testamento de un pregonero |
A. CASTELLANO: TESTAMENTO DE UN PREGONERO
En poco más de una semana Canarias ha perdido a tres hombres en la nómina de “importantes” de la cultura: Carlos Pinto Grote, Premio Canarias de Literatura 1991; Juan Jose Falcón Sanabria, Premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación 1994, y Antonio Castellano Auyanet, Pregonero del Pino en el 2007 y uno de los últimos “humanistas” y defensor de los servicios públicos que ha tenido el Archipiélago al que tuvimos el placer de tratar y escuchar en sus atinados juicios sobre la realidad de las islas. De los dos primeros se han encargado otras personas de hablar de ellos y situarlos en su dimensión profesional y cultural. Del amigo Antonio Castellano se han señalado asimismo muchas cosas y buenas ya que el ex-presidente de Unelco para nosotros descolló en muchos aspectos de su personalidad. Activista cultural y el adelantado a lo que hoy se conoce como Movimientos sociales, Castellano Auyanet fue un hombre tolerante, polemista donde los hubiere, pero siempre leal y librepensador. Escuchaba a todos, siempre con respeto, fuera de su cuerda ideológica o defendiera ideas diametralmente opuestas a las suyas. Mi amigo Antonio me pareció en todo momento respetuoso y respetable. En lo religioso, asimismo se mostró abierto a todas las tendencias dentro de la Iglesia.
Nos consta que era un escuchante de la buena radio, fundamentalmente de Radio Nacional de España (RNE), en sus largas noches de insomnio y vigilia. Era un acérrimo seguidor de la programación de la radio pública en Canarias, a través de la que seguía la programación regional y nacional. Estaba atento a todo, sobre todo en un momento en el que la radio estatal no dependía de comisarios políticos y se respiraba una autentica libertad y respeto a todas las ideología de la sociedad democrática. Seguía, por supuesto las noticias y declaraciones del top ten de entonces, tanto en la política como en la “dirigencia” de la Iglesia Española, tanto del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón como la de aquí en las islas como fue la del obispo Ramón Echarren con quien tenia una profunda amistad y reconocimiento. Crítico con la Iglesia de Rouco Varela, Antonio Castellano un hombre creyente y solidario con los más pobres, vibraba con las siempre polémicas y discontinuas declaraciones en la década de los 80 y 90 del pasado siglo del Obispo de Canarias, Echarren Ystúriz. Fue el prelado que puso en hora y al día a Caritas Española y el que que exponía sus pensamientos sin pelos en la lengua sobre los políticos y economistas de la época. Obtuvieron amplio eco los juicios emitidos sobre el vicepresidente del gobierno socialista, Alfonso Guerra, y también sobre el Ministro de Economía y paisano, Carlos Solchaga.
Antonio Castellano, empresario, gestor cultural y defensor de causas sociales y ciudadanas anteponía siempre los intereses de los más desvalidos de la sociedad canaria a los propios de la clase poderosa y dirigente. Poseía unas ideas profundas de lo que se podría denominar hoy el “homo universalis”. Escuchaba a todos y rumiaba en su interior los mensajes de los hombres y mujeres con los que le tocó vivir. Antonio Pildain fue su primer referente en lo social, modelo que luego seria superado por el ex Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Enrique y Tarancón y por su amigo el prelado canariense Ramón Echarren. Sus ideas de compromiso y entrega a las distintas causas que defendió estaban fundamentadas en el humanismo cristiano. Desde todas sus responsabilidades profesionales, sobretodo desde el cargo de Presidente de la Asociación Europea de Empresas Públicas entre 1994 y 1999 fue coherente con sus ideales en favor de una sociedad más justa y equilibrada. Nos dejó su testamento ideológico en el texto del Pregón de las Fiestas del Pino en el año 2007, pronunciado un 24 de agosto. Este documento lo tituló “Compromiso humano y cristiano”. Antonio Castellano no era un hombre sensiblero ni “meapilas”. Su espíritu de hombre de fe quedó reflejado en aquel Pregón que casi 8 años después adquiere mayor profundidad si cabe.
Concretó su idea del compromiso del creyente cristiano: “Nuestra fe necesita reforzarse con la práctica de lo que es la esencia del cristianismo, plasmada en el Evangelio: la fe sin obras queda en nada. Nuestra vida ha de estar en concordancia con lo que creemos. Vivimos una época llena de superficialidad y apariencias.” Siguió profundizando en su ideal de religiosidad y compromiso: “ Estoy convencido de que el cristianismo se resume en cuatro palabras: justicia y paz, compasión y misericordia. Sin justicia es imposible la paz en el mundo: justicia y paz son hermanas siamesas inseparables. Trabajemos por la justicia y brotará la paz. El significado de la palabra compasión no es más que compartir los padecimientos del otro: hacerlos nuestros, apropiarnos de su situación y su desgracia”.
Ahora que se acercan las Fiestas del Pino sería conveniente y oportuno recordar a un pregonero de la talla de Antonio Castellano Auyanet. Un hombre que respetaba a todos pero que tenía una idea profunda de su fe en Dios y en la Virgen Madre de todos los canarios, Nuestra Señora del Pino. El Ayuntamiento de Teror está en deuda con sus pregoneros, pero en especial con el de 2007, que ha dejado huella en la Villa mariana.
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