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APUNTE 03/06/2015

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Don Rogelio
Por
Sebastián Sarmientochano_sarmiento_apunte

El que fuera el primer alcalde democrático de Valleseco, y el último de la dictadura de Franco, Rogelio Santana Guerra, fue enterrado ayer martes, en medio del cariño y sentimiento de sus convecinos y familiares. Don Rogelio, sin el don también, fue un personaje peculiar, con un genio fuerte y dotado con un ingenio fuera de lo común. Ahora que ha desaparecido puede decirse que Rogelio Santana Guerra, fue un político atípico para aquellas fechas en la que accedió a la alcaldía de Valleseco, gracias al “dedo” del Gobierno Civil de entonces, sistema “electoral” utilizado por el Generalisimo para poner y quitar alcaldes a su antojo. De todas formas, en el caso que nos ocupa fue una acertada designación toda vez que Rogelio Santana fue siempre un hombre cercano al pueblo y atento a los problemas de sus convecinos.

Valleseco como muy bien ha estudiado nuestro querido amigo y paisano Nicolás Sánchez Grimón, historiador y Cronista Oficial municipal, fue hasta el año 1842, un barrio más de la Villa de Teror. Por lo tanto se trata del municipio más joven de la isla de Gran Canaria. Situado al norte de nuestra isla,en las medianías, Valleseco está formado por dos barrancos principales, Barranco de la Virgen y Barranco de Madrelagua, y un valle central, más seco, del cual recibe su digamos engañoso nombre, ya que estamos ante uno de los lugares más húmedos de Gran Canaria. Entre sus riquezas naturales, destaca por su importancia la zona recreativa de La Laguna, uno de los espacios naturales más emblemáticos de la zona. Dispone de numerosos barrios, todos ellos unidos por una red de carreteras que en su mayor parte—nos referimos a su asfaltado­ las llevó a cabo Rogelio Santana como alcalde tanto en la etapa de la dictadura como posteriormente en la democrática. Los vecinos de todos sus barrios (Barraqnuillo, Carpinteras, El Barranco de la Virgen, El Caserón, El Lomo, El Recinto, Lanzarote, Madrelagyua,Monagas, Troyanas, Valsendero, Zamora y Zumacal) pasaron el lunes y el martes por la capilla ardiente, instalada en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Valleseco. 

Puede decirse que Rogelio Santana Guerra dictó su última voluntad como regidor desde aquel Salón de Plenos desde el que rigió los destinos de su pueblo desde el año 1968. Un año importante en la Europa de entonces con el mayo francés y la invasión de Checoslovaquia. Por supuesto que bajo la mano del dictador ferrolano, los vientos democráticos que se respiraban en muchos países europeos no llegarían a España, y menos aún a Canarias, En ese contexto, llegaba a la alcaldía de Valleseco un hombre a penas sin instrucción, pero con una personalidad fuerte y ocurrente, no exenta de lo que se llamaba “gramática parda” y una gran dosis de autodidacta.

Don Rogelio se ganó el cariño de sus paisanos al protagonizar una política efectista y de resultados muy concretos: poco a poco instaló la red de alcantarillado por todos los barrios así como el asfaltado de las calles del casco, mejorando la electrificación municipal. Uno de sus mayores logros fue el llevar el agua de abasto a todos y cada uno de los barrios. El lo veía así,en unas de sus numerosas entrevistas que le pudimos hacer, tras su primera elección tras las elecciones municipales de abril de 1979, en el viejo “Diario de Las Palmas”: “ Cuando llegué no había ni agua ni luz en el pueblo, pero cuando me marché todos los barrios las tenían. Aquí había un pilar al que iba la gente a cargar una lata de agua… Teníamos el agua en Valleseco pero se beneficiaban en Arucas, Firgas y Teror, que eran unos espabilados”.

Fue siempre un alcalde singular y característico. En las reuniones de alcaldes era don Rogelio quien con su espontaneidad y sencillez daba la nota simpática de bonhomía y cercanía que no pasaban desapercibidas. Siempre reconoció su vinculación al franquismo que lo había sido todo para él, considerando a su vez que su adaptación a la etapa democrática fue lenta pero progresiva. Durante su etapa como regidor se construyeron además el Colegio “Rey Juan Carlos I”, el edificio de las Casas Consistoriales, el campo de fútbol de La Laguna, la Casa Parroquial así como la adquisición del área recreativa de La Laguna.

Don Rogelio podría ser considerado como uno de los últimos “caciques” de nuestros pueblos, ya que desde su pequeño negocio dominaba toda la economía municipal, ostentando la representación de los principales servicios del pueblo, desde la banca hasta el gas butano pasando por otros de menor importancia,pero esenciales para un pequeño pueblo de medianías. Todo un personaje que ha fallecido a los 90 años, tras una larga etapa de servidor público. Ese cariño quedó demostrado en el 2007 con ocasión del homenaje que el actual reelegido alcalde Dámaso Arencibia le tributó en nombre de sus paisanos entregándole una placa en atención a su entrega municipal. En definitiva, que Don Rogelio se nos ha marchado, pero de él nos quedará la desinteresada dedicación por su pueblo y su capacidad para hacer amigos, entre los que se encuentran numerosos terorenses que le recuerdan como un personaje que transformó a su patria chica,Valleseco, y tuvo siempre una sosegada convivencia con los regidores limítrofes, entre ellos, Teror y Firgas.

 

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