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APUNTE 03/09/2014

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Iconoclastia. La paja y el ojo
Por
Cristobal Peñatecristobal_apunte

El nuevo líder del PSOE, un hombre poco conocido fuera de los círculos políticos hasta hace nada, está haciendo todo lo posible por popularizarse y entrar en los hogares españoles. Como Pedro por su casa.

El otro día hizo pluriempleo. Mientras se colaba en ‘El Hormiguero’ de Antena 3 para encestar unas canastas junto a Pablo Motos, recordando su etapa como jugador del Estudiantes, llamaba a Jorge Javier Vázquez para persuadirle que siguiera votando PSOE y explicarle en directo por teléfono en el programa ‘Sálvame’ que él estaba en contra de lancear al toro de La Vega, a pesar de que el alcalde, correligionario suyo, proclamase a los cuatro vientos las delicias de esa “fiesta”. Aquí todos los crueles sanguinarios llaman fiesta a cualquier acto repugnante en la que sale un toro. La “fiesta nacional”, llaman los infames a la tauromaquia.

El caso es que Pedro Sánchez quiere mostrarse equidistante entre el PP y Podemos. Sánchez no nombra a Izquierda Unida, como si no existiera. En cambio a Podemos sí lo nombra, aunque de forma eufemística. A las huestes de Pablo Iglesias las llama populistas. Parece no querer hacerle propaganda, igual que cuando se omite el nombre de un hotel o un restaurante si antes no ha pasado por caja para pagar la publicidad.

El que anatemiza los populismos es el primer populista al elegir programas televisivos frívolos, como el de Motos, o de mal gusto (iba a escribir de dudoso gusto, pero no tengo dudas), como el de Vázquez, para colarse en nuestras casas por la puerta de servicio, donde se cocinan las encuestas que huelen a guisos de col y brécol.

Si Pedro Sánchez quiere que lo tomemos en serio, tiene que ser sincero y coherente. La próxima vez que le pregunte Lomana, su entrevistadora en Antena 3, debe tener la honestidad política de reconocerlo y llamar a las cosas por su nombre para no confundir al electorado. No puede criticar a Podemos por populista cuando él mismo recurre a ‘Sálvame’ para salvarse del naufragio político.    

Eso es populismo. O hacer lo de Arias Cañete, que en la campaña electoral se subió a un tractor, aunque no supiera dónde estaba la marcha atrás.

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