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¡Nunca más! |
Los más de diez mil abonados que durante toda la temporada hemos apoyado a la Unión Deportiva Las Palmas quedamos sorprendidos por el comportamiento incívico y barriobajero de unos cuantos centenares de espectadores que invadieron el campo de juego el pasado domingo, a pesar de las advertencias previas de los responsables del club amarillo y de los llamamientos realizados en días anteriores al choque por distintos miembros de la plantilla amarilla. La mayoría de los abonados nos quedamos de una pieza cuando descubrimos que unos irresponsables, en la mayor parte jovenzuelos descamisados y fuera de sí, se iban deslizando temerariamente por los muros del recinto más cercano a las pistas de atletismo del estadio de Gran Canaria, rebasando los límites del propio terreno de juego e invadiéndolo.
Aún no había concluido el partido con lo que esta presunta manifestación de alegría y apoyo a los jugadores de la UD se nos antojaba a todos fuera de lugar y extemporánea. Pudieron haber esperado a que el árbitro diera por finalizado el encuentro. Pero no fue así. La sinrazón y la obcecación se adueñó de aquellos irresponsables “aficionados”. Con el partido bajo control, tras dominar al equipo cordobés desde el principio y con el marcador en franquia para los nuestros (10), el parón provocado por aquellos grupos de niñatos y desalmados y la invasión de campo tuvo unas consecuencias devastadoras para nuestra querida UD y su auténtica afición, que aguardábamos a que terminara el partido solo faltaba un minuto treinta segundos para manifestar nuestra alegría en las gradas del Gran Canaria.
El Córdoba CF logró el empate tras el desconcierto de aquellos larguísimos 10 minutos de parón y obtuvo el ascenso a Primera División, dejando en las gradas del Gran Canaria, mucha tristeza y desazón. Aquel desastre que no supo parar nadie fue la puntilla para que los amarillos que hasta entonces lo tenían todo controlado, perdieran la concentración y se fuera todo al traste. Unos irresponsables, con su nefasta actuación de gamberrismo, robaron la ilusión y el sueño de subir a
Primera a toda una ciudad. Nuestros oyentes conocen todo lo que sucedió después. Nuestra Gran Canaria se convirtió en un mayúsculo desbarajuste y en un espectáculo tercermundista trasmitiendo a través de las pantallas de Canal Plus una imagen equivocada de nuestra ciudad, de Las Palmas de Gran Canaria. Ello debe hacer reflexionar a todos, no solo a los responsables y directivos del equipo amarillo, sino también a las autoridades competentes en el tema de la seguridad. Un espectáculo de esta guisa no debe despacharse con una simple reunión de la Junta de Seguridad. De cara al futuro deben dedicarse más efectivos en el interior y exterior del estadio. Así no,señores del Club y autoridad gubernativa. Dicen que las fuerzas del orden público estaban fuera y dentro. Para evitar ese desagradable espectáculo debieron haberse incrementado el número de fuerzas de agentes sobre todo en el interior, para evitar que aquellos vándalos tomaran las pistas de atletismo como “Pedro por su casa”, como así sucedió.
Esto no debe repetirse jamás, y como señaló el Presidente de la Federación de Fútbol de Las Palmas, Antonio Suárez, debe servir de lección para un futuro. El vino a decir que el deporte y más aún el fútbol,se basa en el principio de respeto: al rival, a los aficionados contrarios y al colegiado. “A partir de ahora debemos sumar el respeto a nuestros correligionarios de grada, personas a las que un grupúsculo ha provocado una herida”. Efectivamente, muchos grancanarios nos fuimos del estadio “heridos” en el alma y en nuestros ilusiones de subir a Primera División. De ahí que estemos enfadados al pensar y comprobar que unos chiquillajes nos hayan arrebatado el proyecto por el que se había luchado durante 12 temporadas.
Esta lección debemos aprenderla para el futuro. Aprender de lo negativo y procurar que no se repitan estas bochornosas imagines que han dado la vuelta a España. Eso sí deben depurarse responsabilidades y que los culpables de este desaguisado paguen por lo que han hecho. Estos días hemos visto en las redes sociales a los padres y a las madres de estos cobardes pedir perdón a la sociedad por los los errores de sus hijos. No valen las disculpas. Llega la hora de la justicia deportiva y social. La UD y su historia no se merecía el final que muchos grancanarios vivimos en la tarde del domingo, 22 de junio. Por favor, ¡»nunca más”!.
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