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¿Fuego en el Mar Negro? Por Nieves Ramos |
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Hoy me muevo entre la emoción al haber sido premiada por la Generalitat de Valencia con el galardón de Isabel Ferrer, distinción que se concede a tres mujeres de la Comunidad con motivo del 8 de Marzo y los vientos de guerra que suenan en el Báltico. Esa es al parecer una inmensa ambivalencia en la que las pequeñas emociones se juntan con las grandes decepciones o miedos.
Ya decía mi abuelo que cuando peor estaban las cosas aparecía una guerra para mejorarlas y parecía tener razón: que la guerra es un negocio muy rentable, no cabe la menor duda, se ha mantenido en el tiempo y teñida de colores patriotas busca que la carrera armamentista crezca y que ese pulso entre los hombres a ver quién es más macho se mantenga por los siglos de los siglos.
Pues bien, cuando todavía en la antigua Yugoslavia quedan paredes sin reconstruir en la última vergüenza europea de un conflicto bélico, suenan tambores de guerra proveniente de un país otrora potencia mundial que parece despertar de un profundo sueño para decir: sigo estando aquí y quiero mi trozo de pastel.
Hemos estado viendo cómo en las últimas semanas las calles de Kiev se llenaban de manifestantes que pedían la caída de un presidente que terminó por ceder ante la gravedad del conflicto. Todo parecía pensar que tras el gobierno de transición que conduciría el proceso electoral en el mes de mayo, las calles volverían a ser ocupadas pacíficamente por la ciudadanía que las utilizaría para volver a la vida de manera regular, pero aparece el control por la salida al mar Báltico y suenan las campanas de guerra, y a la imagen que recorrió el mundo de cien policías pidiendo perdón de rodillas por haber machacado a su pueblo se suma las disidencias que apuestan por otra solución al conflicto.
Dadas las circunstancias me parecería más que necesario que el consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunieran para intentar frenar esta nueva amenaza bélica que pondría de nuevo a Europa a los pies de los caballos de una nueva guerra pero, sinceramente ese órgano creado a raíz de la Segunda Guerra Mundial, ha puesto de manifiesto su incapacidad de servir para lo que fue creado. Así es que espero que la sociedad, tan dada últimamente a salir a la calle últimamente para resolver sus descontentos, sea capaz de parar esta locura en la era digital y del progreso que nos vuelve a poner en las peores épocas bárbaras.
Me gustaría tener en Europa también una representación política a la altura pero en estos momentos, en los que sus señorías se están jugando el puesto ante las elecciones Europeas que se celebraran en Mayo, me pregunto qué medios de presión van a utilizar para intentar cambiar el rumbo de este conflicto. Creo que el precio que pagamos por ello es lo suficientemente importante como para que medien y busquemos otras fuentes de negocios más humanas y racionales que la guerra para salir de la crisis.
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