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APUNTE 25/02/2014

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Febrero por Artenara, la llamada de los Pinares
Por Juan José Laforet                                                                                                                                

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En la plenitud de invierno la isla mira a la cumbre, pone sus sentires en las altas montañas, a las que se accede por serpenteantes, sinuosas y sugerentes carreteras, desde las que es posible disfrutar del paisaje invernal isleño en toda su diversidad y esplendor. Y Gran Canaria, “Antigua fragua de Vulcano”, aunque “…sus fraguas están apagadas o inundadas de flores…”, como la definió el satauteño y catedrático hispalense Francisco Morales Padrón, traza su particular “…presencia, teoría y estética de las Cumbres…”, en las que “…el alma del paisaje está aquí como quieta, en un remansarse en los pináculos intrincados de las Cumbres…”, según apuntara Juan Velázquez  en un artículo publicado en 1945 por el CIT grancanario.

La Fiesta de en honor de San Matías Patrón de Artenara y de los Pinares de Gran Canaria ha sido este domingo una verdadera consagración del invierno isleño, a la que, en la lontananza archipielágica,  el Teide nevado puso todo un remate escenográfico inusitado. Y es que, como resaltó en su “Pregoncillo de los Pinares” el Consejero de Agricultura del Cabildo de Gran Canaria,  “Artenara siempre se ha caracterizado por ser un asentamiento eminentemente rural que ha sabido conservar y potenciar su propia naturaleza…”. Unos parajes únicos, sugestivos, donde aún parecen escucharse las voces de personajes como Miguel de Unamuno o de Domingo Doreste Fray Lesco cantándole a la universalidad de esos lares isleños, cuya alma captó perfectamente el pintor grancanario Jesús Arencibía Gil en los murales que entre 1963 y 1968 trazó en la iglesia parroquial; una obra y el recuerdo de un artista entrañable que al cabo de cincuenta años del inicio de esos trabajos era reconocido en Artenara con la Insignia de Oro del municipio a título póstumo. Una naturaleza, un “Parque Natural de Tamadana, con uno de los pinares naturales mejor conservados de la isla…”, como también destacaba en su pregón Santana Melián, al que han dedicado su vida y sus ilusiones muchísimos técnicos y operarios de Medio Ambiente con un tesón y una perseverancia en el día a día que nunca les agradeceremos suficientemente; y en ese empeño algunos de ellos incluso han perdido sus propias vidas, por lo que fue un momento especialmente emotivo cuando, tras la bendición de pinares, cultivos, ganados y escorrentías por San Matías desde su trono, colocado frente a aquella naturaleza imponente de cumbres, pinares, retamas, brumas y soles, dos agentes de Medio Ambiente, acompañados por los dos sacerdotes, ascendieron a lo alto del monumento que les recuerda, frente a montes y barrancos, para colocar una corona de laureles y sentirles muy presentes con una oración que todos compartimos emocionados. 

Historias del ser y sentir de un lugar donde el invierno grancanario casi se hace primavera cada último domingo de febrero en el regocijo de sus hijos, de cientos de isleños  y de un número palpable de foráneos que acuden a la llamada de los pinares y de su patrón San Matías.

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