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APUNTE 17/02/2014

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El color en las fronteras

Por Nieves Ramos                                                                                                                                

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La semana pasada desayunábamos, comíamos y cenábamos con unas imágenes  que me recordaban las palabras de un cantautor latinoamericano:  ”la vida no vale nada”, eran rostros inertes encima de unas rocas justificados por esos límites fronterizos que ponen en evidencia, dónde está la ley y dónde los derechos de las personas.

Se me revuelven las tripas  ver cómo la vida de ciertos seres humanos, hastiados del hambre y la miseria, no vale nada y se la juegan en pateras, saltando vallas o simplemente a nado. Pienso hasta dónde llega su desgarro y desespero  para confrontarse a tamaña osadía y este pensamiento me lleva al entendimiento total cuando conoces la realidad de los pueblos africanos, tan cercanos a nuestras islas geográficamente  y tan lejanos en la emoción.

He vivido en el antiguo Sáhara Español y he visitado diferentes países africanos y entendiendo perfectamente que estas personas busquen su particular Itaca, El deseado Dorado porque así se lo hemos vendido desde esta sociedad apostada en un capitalismo cada vez más alongado a beneficiar a unos pocos mientras fastidia a la mayoría.

Cuando pienso en las condiciones de vida en las que tienen que ver nacer y morir a sus hijos e hijas, cuando la mortalidad infantil y de las mujeres en el parto adquiere cifras espeluznantes, cuando se hace la vista gorda ante los conflictos étnicos, porque vienen muy bien para seguir expoliando, entiendo que la gente coja un cayuco y hasta un neumático en busca de unas condiciones dignas. Yo, que tengo pánico al mar creo que también lo intentaría, como lo hizo mi padre en su búsqueda de porvenir en el Sáhara, como lo hicieron muchos vecinos partiendo hacia Venezuela, como lo están haciendo muchos españoles y españolas pidiendo trabajo en Europa, como lo hace el empresariado instalando sus fábricas en Marruecos abaratando los costes de la producción en ese país, pagando salarios de miseria.

¿A qué viene esa hipocresía? ¿Dónde hemos dejado las mínimas reglas de humanidad permitiendo la muerte a la gente indefensa midiendo con una ralla más o menos las fronteras? ¿Cómo podemos aceptar que a quienes se baten en el agua para salvar su vida se les dispare  aunque sean balas de azúcar?

En esta cruzada que ahora se quiere hacer por la vida ¿Cómo es posible que no se nos excomulgue a esta sociedad hipócrita que le gusta tener ordenadores y móviles extraídos con la sangre de los niños y niñas del Congo dejando morir en las fronteras a esta gente de color?

De nuevo esta noche ha intentado atravesar la frontera otro número de africanos. Creo que hay que establecer una política de migración coherente y ordenada pero estoy en contra de la inhumanidad que supone dejar morir a la gente, sea en nuestro territorio o dos pasos más allá y menos me gusta que intenten intoxicar a la población diciendo que estas personas no merecen un poco de respeto. Hace años un grupo de gente de todos los colores cantaba una canción que decía:” Viva la gente, las hay de todo lugar, por más gente a favor de gente en cada pueblo o nación…” pues eso, que en nuestras fronteras jamás dejemos de velar por las personas o que nos pongamos en su pellejo preguntándonos: si fuera yo ¿cómo me gustaría que me recibieran? O ¿cómo me gustaría que trataran a mis hijos e hijas?
No pido  un recibimiento con flores pero como mínimo el cumplimiento escrupuloso del Tratado de los Derechos Humanos.

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