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APUNTE 28/01/2014

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El Castillo de la Luz en la Historia de Gran Canaria
Por Juan José Laforet                                                                                                                                

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Este martes 28 de enero SS AA RR los Príncipes de Asturias visitan Gran Canaria y con este motivo visitan el Castillo de La Luz, que tras muchos años de obras de restauración y reformas, abre de nuevo sus puertas, ahora como Museo de sitio y pronto como sede de la Fundación Martín Chirino, el afamado escultor grancanario nacido muy cerca de esta antigua fortaleza isletera.

El Castillo de La Luz, histórico y verdadero baluarte artillero de esta ciudad y su Puerto de Las Isletas, se edificó enclavado en el corazón de la Bahía de las Isletas, un lugar que  se convirtió, desde la misma fundación de la ciudad, en punto neurálgico para su defensa, por lo que muy pronto se decidió la construcción de una fortaleza que garantizara la seguridad de aquel puerto natural. La obra se comenzó en 1494, por orden del gobernador Alonso Fajardo, en las inmediaciones de la pequeña torre de vigilancia que habían levantado las fuerzas de Juan Rejón tras su desembarco en junio de 1478. Sus gruesos muros se ubicaron sobre un arrecife a la orilla misma del mar, por lo que, con la pleamar, quedaba aislada de su acceso a tierra. Contaba con dos plantas, más una azotea o patio de armas, donde se emplazaba la artillería. El mando estaba encomendado a un alcaide, que disponía de seis artilleros y un grueso de tropa que variaba según la época y las necesidades del servicio. Una Real Cédula de 1545 dispone que se entregara el Castillo de La Luz al Concejo y  que aquella corporación municipal nombrara sus Alcaides. La Real Cédula dada en Valladolid a 28 de febrero de 1545 insistía en que el Consejo tuviera a su cargo “…poner de su mano en la dicha fortaleza por alcaide della persona que sea hábil é suficiente y en quién concurran las cualidades necesarias…” Entre los muchos Alcaides que ocuparon este puesto de mando se pueden recordar a Serafín Cairasco de Figueroa (1595, al Capitán Antonio Lorenzo (1621), al historiador y Alférez Pedro Agustín del Castillo (1697), al Capitán Esteban de Cabrejas Sopranis (1720), al Capitán Fernando del Castillo Ruiz de Vergara (1733), ó al Capitán y afamado cronista Isidoro Romero Ceballos (1787), que también tuvo casa en Teror.

El Castillo de La Luz, tras siglos de uso militar y defensivo de forma continuada  deja de tener estos cometidos y se propone su subasta pública en 1895, aunque la misma no se llegó a producir pues lo solicitó la Armada para usos navales, que no llegaron tampoco a concretarse. En 1924, por una petición del Ministerio de Fomento del año anterior, el Ministerio de la Guerra accede a  entregar el Castillo y terrenos anexos a la Junta de Obras del Puerto de La Luz y de Las Palmas, aunque dicha entrega no se hará efectiva hasta que la Junta de Obras no tenga un proyecto concreto y definitivo para esa zona.

Tras un intento de derribar el castillo y dedicar estos terrenos a la construcción de una gran entrada al recinto portuario, lo que se evita gracias a una rápida y eficaz gestión del Delegado de Excavaciones Arqueológicas D. Sebastián Jiménez Sánchez, el Ministerio de Educación Nacional declara el Castillo de La Luz como “Monumento Histórico-Artístico”. En 1951 el General  D. José María Pinto de la Rosa, a petición de Sr. Jiménez Sánchez, redactó ya un proyecto de restauración del Castillo, que incluía la urbanización y construcción de jardines en el entorno del Castillo, que sirvieran de expansión para la población que podría así disfrutar de cerca de este monumento histórico, que podría también abrir sus puertas no sólo como museo, sino como lugar para la celebración de diversas actividades culturales e institucionales.

En 1965 se organiza ya en el entorno ajardinado del Castillo la celebración de una Verbena Típica Canaria con motivo de las Fiestas de la Naval, actividad que se celebró durante muchísimos años. También en la década de los años sesenta y setenta los jardines serían lugar para la proyección de cine al aire libre y actividades como “desfiles de variedades” o Festival de la Canción. El salón noble del Castillo de La Luz, y posteriormente la terraza superior,  fue escenario durante décadas de actos culturales y de la lectura del Pregón de las Fiestas de La Naval.0

El Castillo de La Luz, que ahora SS.AA.RR. visitan con motivo de su reapertura, tras las obras de restauración que se han llevado a cabo a lo largo de muchos años, es uno de los monumentos históricos más representativos, y diría que más antiguos  de Las Palmas de Gran Canaria, una historia que hoy se abre a una nueva etapa que servirá para profundizar en ese importante pasado y, a la vez, para abrir las puertas a un no menos glorioso devenir, en el que siga siendo punto de referencia al encuentro entre culturas y pueblos de una y otra orilla del Atlántico. Por ello no puede dejar de resaltarse que sean precisamente los Príncipes de Asturias quienes giren la llave y abran de nuevo al porvenir el portalón de una fortaleza tan cargada de contenidos y simbolismo para la historia y para el futuro. Ante todo ello, ante esta señera visita, recordar unos versos del primer gran poeta de las islas, el grancanario Bartolomé Cairasco de Figueroa, que  en el siglo XVI resaltaba como “Mi señor el rey Filipo/ puede muy bien gloriarse/ que tiene en Canaria gente/ briosa, fuerte, constante”.

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