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APUNTE 17/12/2013

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Nochebuena. ¡Feliz Navidad!
Por Juan José Laforet                                                                                                                                

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Llega la Navidad, esos días un tanto extraños, de sabor agridulce, en los que la felicidad desbordada se conjuga con un cierto halo de tristeza, de recuerdos, de añoranzas. Es la noche de la familia, de la amistad profunda, inquebrantable, de la solidaridad, del amor, de los sentimientos a flor de piel. Pero, en verdad, ¿qué entendemos de todos esos conceptos?

En la Isla, como en todo el orbe cristiano, siglos atrás nuestros antepasados tenían el 24 de diciembre uno de los días de ayuno obligatorio del año, al menos hasta la media noche si se quería comulgar en la «misa del gallo», aunque luego, cumplidas las obligaciones religiosas, la mesa hogareña se lucía con la gallina rellena, el «genovesado», la carne de cabra la «sopaingenio», el queso de almendra, las truchas de batatas, y muchas especialidades más de neta raigambre isleña.

Sin embargo, en nuestros días, cuando ya no rige tan férrea norma del ayuno, creo que cada uno debería implantarlo en alguna manera, bien al moderar el consumo que, sin ton ni son, se acostumbra en estas fechas, o, sencillamente al menos, al procurar ser conscientes de que este ambiente de abundancia no es igual para la inmensa mayoría de la humanidad, y al asumir que esta debe ser, ante todo, una fiesta de solidaridad, de amor. Todo en un mensaje que, desde la posición estratégica de Gran Canaria, en los caminos que conducen a muchos pueblos y naciones de tres continentes, debe escucharse con voz propia y muy claramente.

La noche del 24 de diciembre parroquias, plazas y calles se llenarán, a la media noche, como ocurre desde hace siglos, de la bulla y el regocijo de la Nochebuena isleña. El día de Navidad se visitarán los Belenes, o nacimientos, se comerá en familia y, al igual que los isleños de épocas pasadas, muchos brindarán de nuevo con vino dulce del Monte, acompañado de unos sabrosos bizcochos lustrados.

En fin, tradiciones, costumbres, innovaciones de muy diverso género, que le dan a la Navidad grancanaria un sabor y un estilo casi propio, un ambiente que se recuerda y se añora. En medio de todo ello surgen espontáneos y cantarines, imposibles de retener, como el agua que se escapa ladera abajo por las acequias y cantoneras, entre murmullos de pinares, algunos versillos y ciertas letrillas con vocación de villancico. Unas letrillas que ante todo deben ser un mensaje de esperanza, de solidaridad, de compartir con los demás, pues son muchos, miles, millones, y mucho más cerca de nosotros de lo que nos podemos imaginar en muchísimas ocasiones, los que podrían decirnos que no tienen motivo alguno ni para felicitaciones, ni para esperar nada de nada, ni de nadie, a ellos son a los que verdaderamente deberemos llevarle el mensaje de esperanza que nos trae la Navidad, el Niño de Belén, para que de verdad pueda ser:

¡Feliz Navidad para todos, amigos!

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