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APUNTE 11/11/2013

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La calle ruge
Por
Nieves Ramos                                                                                                                               

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Es otoño desde hace días, aunque el sol que sigue paseando por España nos muestra una perpetua primavera, pero el calendario es inflexible, estamos en noviembre, día 11, concretamente y las calles de nuestras ciudades siguen llenándose de gente que por una u otra razón, protestan, expresan su cabreo, muestran su descontento por el trato que reciben.

En estos momentos ya nadie puede apropiarse el slogan:“ la calle es mía” porque la calle se ha convertido en el lugar de todo el mundo, de unos y otras. Acuden a ella partidos en el gobierno, en la oposición pero sobre todo, la calle la ocupa la ciudadanía.

Y me pregunto: ¿Qué pasa de gordo en un país cuando la gente, ya sea convocada por partidos políticos, sindicatos, mareas, plataformas de personas afectadas solamente encuentran la calle como lugar para expresar su frustración? ¿Donde han quedado los espacios de debate y encuentros con la ciudadanía, objetivo último de cualquier programa de gobierno? ¿Qué lugar le damos a la democracia real si para resolver los problemas que afecta a la ciudadanía  tenemos que tirarnos a la calle?¿Qué está pasando cuando los partidos van y vuelven mientras vuelan los derechos adquiridos?.

Estamos ante una profunda desafección con la clase política que en estos momentos vive una frenética búsqueda de estrategias de comunicación para vendernos que están o se les espera, que vamos avanzando, que hay salidas de túneles pero mientras tanto la ciudadanía solamente encuentra calor en la calle, en la persona de al lado, en el compañero o compañera que puede también perder su trabajo, en la abuela que ha sacado sus ahorrillos para poder ir tirando, en el hijo que ha salido a trabajar al extranjero y empieza a mandar un ayuda. Esto entre las clases medias, bajas, las altas siguen comprando coches de alta gama, y embolsándose grandes dividendos.

Sin embargo a la calle le hace falta dar otra vuelta de tuerca, pacífica, la de la organización de un frente amplio que una mareas, plataformas de personas afectadas, huelgas de hambre que haga frente a esta desafección, con cabeza y corazón, que muestre a los partidos políticos la senda del gobierno que no es la de defender las grandes corporaciones y defenderse a ellos mismos, sino los derechos de una ciudadanía que necesita ser representada por gente que no abandone la calle sino que la siga pisando para que se entere de cuánto cuesta pagar la hipoteca, los libros de textos, la cesta de la compra, el seguro del coche, el agua, la luz, esas necesidades tan básicas a las que todo el mundo tiene derecho y que  recoge tan bien nuestra carta Magna.

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