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APUNTE 01/10/2013

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Octubre colombino en Gran Canaria
Por Juan José Laforet                                                                                                                                

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Con el mes de septiembre se inician, cada año, las actividades culturales y ceremonias que no sólo conmemoran o rememoran, sino que contribuyen, y creo que este es el objetivo principal, a la reflexión sobre el papel de las islas como puente entre pueblos y tierras que, como se suele decir, la mayoría de las veces «sólo de boquilla», deben llegar a ser hermanos de verdad, estrechamente unidos, y que culminan 1 doce de octubre, efemérides que recuerda el momento en que Cristóbal Colón abrió un nuevo y trascendental capítulo le la historia de la humanidad.

Indudablemente las islas entran de lleno en la historia universal con su vinculación al «descubrimiento» tanto del nuevo continente», como de las rutas que, desde ese mo­mento, se abren y conducen a las tierras más lejanas, con lo que se inicia la configuración de esa «aldea global», en la que Canarias ocupa un punto estratégico para el encuentro y el diálogo de muchos de sus habitantes. Esto, desde una pers-pectiva actual, es lo que esencialmente interesa de aquella aventura colombina, lejos de interpretaciones extemporáneas, tras­echadas o mangoneadas, por encima de acontecimientos inusuales, de los que no niego gravísimas consecuencias que in perduran, y ante las que se debe contribuir generosa y solidariamente; pero la historia es una, y de ella debemos aprender -aunque me da que, más que aprender, lo que nos ;rada es en perseverar en errores pasados-, tenemos que traer ideas consecuentes para construir con acierto un futuro- , ese porvenir en el que Canarias, superando cualquier deficiencia o error, y manipulaciones tendenciosas, aproveche esta realidad histórica y geográfica para constituirse como punto encuentro privilegiado de todos los pueblos atlánticos.

Las ceremonias colombinas en Gran Canaria toman cuerpo y se definen después de los actos brillantísimos que tuvieron lugar en octubre de 1892, con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América. Es el momento en el que se inició la tradicional procesión cívica que durante décadas recorrió el trayecto de la Ermita de San Antonio Abad, donde se enramaba la placa que señala «Aquí oró» , colocada ese año junto con el monumento a Colón que se adquirió por suscripción popular, hasta la Alameda, donde al pie del busto del Almirante tenía lugar una ofrenda floral, que se mantiene.

Esta festividad se preparaba con enorme esmero, con detenido cuidado de todos los detalles, como se comprueba en la crónica de la reunión que, el 10 de septiembre de 1918, convocó Carlos Navarro Ruiz, presidente de la Sociedad Fomento y Turismo, y a la que asistieron también varios cónsules americanos. Navarro Ruiz señaló los deseos de «que este año se celebre en Las Palmas con la mayor magnificencia» lera lo que solicitó la colaboración y el entusiasmo de todos los presentes, a los que rogó que apoyasen los trabajos que había iniciado, en este sentido, la Sociedad que presidía. Se acordó celebrar una procesión cívico religiosa al mediodía del I2 de octubre y una gran velada por la noche.

Sin lugar a duda alguna, tras la celebración del IV Centenario, en Las Palmas de Gran Canaria quedó asentada cual debía ser en adelante la ceremonia anual del 12 de octubre, lo que aconteció en los siguientes, y hasta nuestros días, pese a numerosos altibajos en diferentes épocas y circunstancias y muy por encima de cambios, en algunos casos a mejor, como la transformación de las veladas literarias en auténticos congresos de historia canario-americana ó en encuentros de tipo americanista de diverso signo. Es significativo que, cuando la celebración decaía, siempre se volvía a la estructura inicial de octubre de 1892 como propuesta de trabajo.

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