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Las mujeres somos una, grandes y libres |
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Llegó, llegó el otoño con esos aires de naturalidad, sus tormentas correspondientes, la caída de la hoja que va derritiendo ese moreno incorporado progresivamente, tras las horas de exposición al sol y los paseos veraniegos.
Y volvemos al despertador, al cambio de horario, a lo que antes llamábamos rutina. ¿Rutina?. Rutina y aburrimiento son dos términos que debieron explicar en el cole cuando yo estaba con esas anginas horribles que me tumbaban en la cama y me hacían soñar con monstruos gordos y feos que venían a por mi.
Por eso, cuando nuestro ministro de justicia, el mediático Sr Gallardón, ha empezado a querer «salvar la realización de las mujeres» con una nueva ley del aborto que nos lleva a la época en la que yo tenía anginas, me he echado a temblar diciendo: «Otra vez, los monstruos no, por favor», pero claro, ya mi madre no viene a ponerme paños de agua fría ni a darme clipper y yo he desarrollado una animadversión total a los paños calientes.
Así es que, sin ser una experta en estos temas, que para eso están mis amigas, Mar Esquembre, Sara Vicente, Rosa Cobo, que recomiendo leer todo lo que escriben, yo quiero aportar mi granito de arena a esta tutela tan interesada que nos ofrece este ministro con necesidad de situarse en su partido, ahora que el Sr. Mayor Oreja ha encontrado una Fundación que le garantiza un buen sueldo.
Y lo primero que quiero decirle es que ya somos grandes para tomar decisiones solitas o con quienes consideramos que son personas dignas de tomarlas con nosotras y utilizando una frase que les encanta y que tomo prestada solo por una temporada: somos una, grandes y libres. Así nos consideramos las mujeres, las feministas que hemos ido conquistando nuestros derechos, a base de tesón y como también les gusta decir, trabajo, sudor y lágrimas.
Por eso, porque nos cuesta mucho conseguir las cosas, no vamos a permitir que vengan de fuera a decirnos lo que tenemos que hacer y sobre todo, a impedirnos o a condenarnos por ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión y de elección.
Debo reconocer que dentro de las experiencias más fascinantes que he tenido en mi vida, es el nacimiento de mis dos hijos y de mi hija, pero también he visto y sufrido muy de cerca lo que supone tener que decidir abortar por circunstancias muy diversas.
Por eso, quiero dejar claro que ir a abortar, por las necesidades que sean, no es ir a una fiesta de pijamas en las que sacamos el whisky Cheli, sino que es una agresión que sufrimos las mujeres, en nuestro cuerpo y en nuestra sique.
Por lo tanto, quien decida libremente pasar por ese trance, debe tener la posibilidad de hacerlo en las mejores condiciones, dentro de ese sistema de salud universal, que están queriendo cargarse para convertirlo en negocio. Este modelo que se quiere implantar nos vuelve a poner en la tesitura de hace años cuando, las mujeres e hijas de la gente bien, viajaba a Londres y las otras acudían al perejil, las agujas de hacer punto o los esfuerzos para quitarse lo que no podían mantener.
Por eso, esta ley tiene muchas connotaciones jurídicas pero también sociales y políticas.
En un país donde el valor de los elementos religiosos es tan importante, conviene recordar que las leyes están para proteger a la ciudadanía no para ser victimas de ellas. Y la ley de la despenalización del aborto es proteger a las mujeres y a los servicios sanitarios para que podamos ejercer nuestros derechos libremente.
Estoy en contra de la hipocresía instalada en la sociedad que dice una cosa y hace todo lo contrario y estoy a favor de una sociedad justa y solidaria, de tener los hijos y las hijas que queramos y podamos educar, de quererlos en perfectas condiciones de salud porque ya tendremos tiempo de hacer frente a las enfermedades que vendrán y sobre todo, no quiero volver a los tiempos de los monstruos que vienen a comernos nuestras libertades
Ah, y otro capítulo merece el apoyo a las malformaciones en el vientre de las madres y otro bien distinto el trato a las políticas sociales que están asfixiando a las organizaciones de la discapacidad y la ley de la dependencia.
Siguiendo los aires que vienen desde el Papa Francisco y sin hacer campaña para ser nombrada cardenala, me aburre tanta insistencia en estos temas y tan poco interés en los pecados del capitalismo salvaje que mata diariamente a millones de personas vivas.
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