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APUNTE 28/01/2015

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Cambio. ¿Qué cambio?
Por
Sebastián Sarmientochano_sarmiento_apunte

El domingo, 25 de enero, se produjo un fuerte “terremoto” político en Europa con epicentro en Grecia, seísmo que amenaza con provocar un tsunami en la Unión Europea (EU) de imprevisibles consecuencia. La Europa política y ciudadana estuvo pendiente de las elecciones generales en el país heleno, de las que resultó vencedor el partido Syriza que lidera Alexis Tsipras, muy parecido al movimiento español “Podemos”, cuyos postulados constituyen una auténtica revolución social e ideológica respecto de lo que hasta ahora se conocía en la UE. Tanto Syriza como Podemos han roto los moldes de los partidos políticos tradicionales en la vieja Europa, irrumpiendo con una fuerza inusitada hasta ahora y proclamando a diestro y siniestro que “las políticas de austeridad provocan un enorme dolor social” al tiempo que son ineficaces. Se muestran contrarios a esas políticas comunitarias que según ellos “no han servido para reducir el paro ni la desigualdades”.

Bajo esta perspectiva tanto Podemos como Izquierda Unida (IU), en nuestro país están analizando los resultados electorales griegos, considerándolos como un triunfo de la Europa trabajadora sobre la actual política europea que está empobreciendo a los países mediterráneos. Por contra los países gobernados por los partidos de la casta se han mostrado sorprendidos por la victoria de Syriza y de lo que éstos movimientos nuevos puedan provocar al resto de Europa. Desde España y Alemania se ha advertido a los nuevos gobernantes de la Península Balcánica que deben seguir formando parte del proyecto de integración europea del que forman parte España y Grecia. Desde Alemania, por ejemplo se clama que el estado griego tiene que seguir haciendo frente a la deuda externa o se tendrá que atener a las consecuencias. 

Lo primero que hay que analizar es que estos nuevos movimientos políticos son consecuencia de las políticas antisociales practicadas en los últimos años desde Bruselas, gobernada por una derecha conservadora que ha exigido a los estados más pobres sacrificios, imponiendo recortes que soportan con crudeza los países del sur. Estos grupos luchan por traer a la vieja Europa un cambio real con políticas mas realistas. La victoria de los hombres y mujeres de Syriza supone además un duro golpe contra el “austericidio” que está provocando el miedo y la zozobra en muchos ciudadanos que han sido conducidos a la pobreza o a la muerte, con casos de suicidios por el sistema de hipotecas vigente en no pocos países de nuestro entorno. 

De todas formas es verdad que en los últimos seis años se han dejado de escuchar en Europa las voces de los socialdemócratas, ya que en la cámara gobierna la derecha conservadora. Es necesario que se produzca un cambio en la forma de hacer política con recetas más cercanas a la sociedad y a sus problemas. En Canarias, de forma particular en los últimos años la vieja política
llevada por el PP, PSOE y CC no acaba de resolver los problemas de los canarios. Estos partidos tradicionales tienen que entender que no deben tener miedo al cambio y ponerse las pilas. Entre esos objetivos está el perseguir con uñas y dientes al corrupto y desterrarlo de la arena política. La irrupción de estos nuevos grupos y movimientos sociales al estilo de Podemos debe llevar a la reflexión a los partidos tradicionales. Desde luego que no todo está claro en Podemos y grupos similares. Estos deben concretar aún más sus propuestas, ya que es muy fácil hablar desde la demagogia y criticar a los que hasta ahora han detectado el poder. Conviene de una vez por todas que se quiten la careta y se muestren tal como son. Estos días se están denunciando conductas y actitudes de algunos dirigentes de Podemos que no se diferencian de las que hasta ahora estábamos acostumbrados a ver entre los partidos de la casta. Porque una cosa es predicar y otra hacer lo que se dice o lo que se denuncia. Por eso nos preguntamos: hace falta un cambio en la manera de hacer política en Canarias. Pero,¿qué cambios propugnamos? Ahí esta la cuestión. 

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