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APUNTE 24/07/2014

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Primer aviso serio
Por
Sebastián Sarmientochano_sarmiento_apunte

Como en las corridas de toros,Canarias ha tenido su primer gran aviso en serio tras el reciente
vertido de fuel­oíl registrado en las costas del municipio grancanario de Agüimes. Aunque aún no
se ha dado a conocer el balance final del daño ecológico registrado, puede decirse que el vertido
de piche ha provocado alarma entre los ciudadanos canarios. Si con un “vertido pequeño”­­como
lo han calificado los portavoces de Marina­­ se movilizaron tantos medios y recursos humanos, qué
no habría que poner en acción, si se produjeran vertidos de grandes proporciones como los
ocurridos en el golfo de México o el de la “costa de la muerte” en Galicia, tras el “Prestige” por
ejemplo. No queremos alarmar a los paisanos canarios, pero no dejamos de imaginar situaciones
del nivel de los mencionados, tras comprobar que a más de 60 kilómetros de las islas de Lanzarote
y Fuerteventura se van a llevar a cabo unas prospecciones petrolíferas a cargo de la Compañía YPF
Repsol con la autorización y el visto bueno del Gobierno Central.

Sería un desastre sin paliativos para Canarias que solo ocurriera la mitad del desastre del Golfo de
México o los que suelen registrarse en las costas gallegas.“Nunca más”. O como diríamos aquí en
nuestras islas “más nunca”. Sabemos que la fiebre del “oro negro”­­ como se le llama también al
petróleo­­ va a proporcionar mucha riqueza a no se sabe quien. José Manuel Soria, nuestro
Ministro de Industria, Energía y Turismo, decía a principios de esta semana que el impuesto al
petróleo generará al Archipiélago 300 o 400 millones de euros al año, insistiendo que si se verifica
que hay crudo en nuestras aguas y se extrae, las administraciones canarias recibirían el 8 % de la
producción. No se sabe cómo y en qué forma llegarán esos euros a nuestras islas, pero se aduce
como razón para realizar esas prospecciones.

De todas formas, todos estamos convencidos de que los grandes beneficiarios de toda esta
operación van a ser Repsol y sus empresas próximas. El petróleo que se extraiga de esas zonas
tendrá que llevarse a refinerías de esa multinacional, no precisamente a la refinería tinerfeña. El
gobierno español obtendría los mayores beneficios de sus impuestos y otras tasas sobre el petróleo
que se obtuvieran aquí. Canarias obtendría algunas “migajas” como las resultantes del atraque de
las Plataformas Petrolíferas en los dos puertos canarios y si acaso las pernoctaciones en los hoteles
de Gran Canaria o Tenerife en los cambios de tripulación. Los puestos de trabajo ­­ otra cosa que
se aduce para aceptar las prospecciones­­ que pudieran derivarse de estas actividades es un “canto
de sirena”, ya que todos sabemos que se trata de actividades muy especializadas y de alto nivel
técnico, con lo cual los canarios no meteríamos baza en ellos, limitándose,eso sí, a distintos
empleos insignificantes. Ojala nos equivoquemos. Pero eso va a ser así, con toda probabilidad,
como ocurre en otras regiones del planeta.

De surgir alguna complicación -que Dios no lo quiera-­­ esas posibles consecuencias negativas
sobre nuestras aguas y costas tendríamos que tragárnoslas todos los canarios en forma de mareas
negras, piches, etc, etc. Se produciría una desbandada del turismo que nos visita y nuestras
potabilizadoras tendrían que parar con los pertinentes cortes en el servicio de agua en aquellas
islas que dependen de este sistema, como Lanzarote, Fuerteventua y Gran Canaria.
¿Qué nos quedará como resultado?: empobrecimiento y desolación en la economía canaria, tan
dependiente del sector turístico. Nuestro sistema medioambiental es muy sensible. De producirse
alguna catástrofe del tipo que comentamos, ¿quien nos protegerá?… Si en un pequeño vertido, el
de estos días en las costas del Cabrón, ha dejado en soledad a nuestras administraciones, qué
ocurriría cuando se produzca algo peor… Como dijo recientemente el alcalde de Agüimes, Antonio
Morales, es una factura demasiada cara para los canarios. No le falta razón al alcalde nacionalista
del sureste grancanario. Esa factura la pagaremos todos nosotros, y los de fuera se lavarán las
manos y “a otra cosa mariposa”.

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