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APUNTE 12/06/2014

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A la Roja la ponen «Roja»
Por
Sebastián Sarmientochano_sarmiento_apunte

A los que nos gusta el mundo del fútbol y del buen juego en las canchas, estamos deseando que se ponga en marcha el Mundial de Brasil, sobre todo para comprobar que por encima de todo, del dinero y de la especulación, hay gente que todavía disfruta contemplando la técnica y la garra de los equipos nacionales que aún practican ese modo de tocar el balón. Pero parece que no, que por una razón u otra, de lo menos que se va a hablar en este Campeonato Mundial 2014 será de fútbol.

Primero han sido las circunstancias que han rodeado la adjudicación de la Copa mundial y cómo ha sido recibida por los brasileños que lo están pasando muy mal, sobre todo las capas populares, por la crisis económica. Un país que está atravesando desde hace varios años una situación delicada por las grandes bolsas de pobreza, que se observan fundamentalmente en las numerosas favelas de las grandes urbes. La gente desde el primer momento rechazó que sus gobernantes aceptaran la organización de este Mundial de Fútbol dadas las condiciones de marginalidad y de desesperación social de muchos de sus ciudadanos. La prueba de lo que decimos es el clima de descontento social y movilizaciones con huelgas, manifestaciones, en ocasiones violentas…

 

Por otro lado están las primas a los componentes de la selección española, de llegar a la final de esta Copa de Fútbol y si la ganaran. Unas primas que están suscitando enormes críticas en la sociedad española por su elevada cuantía, nada menos que 720 mil euros a cada futbolista, un 20 por ciento más que en Sudáfrica 2010. En líneas generales estas primas son inaceptables si tenemos en cuenta el entorno social de España en estos momentos con unos seis millones de parados, muchas personas que viven en la miseria… En verdad, los jugadores no son culpables de ello, ya que la decisión se toma en el seno de la Real Federación Española de Fútbol, que dirige Ángel María Villar y sus adláteres. Esta es la mayor cifra de las que se repartirán las selecciones que asisten al torneo, ya que la selección que más cobra es 300 mil euros. España, como somos así, doblamos las primas.

 

Que conste que mis críticas se dirigen a los dirigentes que autorizan esas primas y sobre todo al poder político que da el visto bueno o se calla, sin rechistar. También sabemos que los propios jugadores no dicen nada, máxime cuando son unos niños mimados en nuestro fútbol y en nuestra sociedad con contratos y salarios de escándalo. Estamos hablando de un grupo de privilegiados que obtienen ganancias desorbitadas, y que a pesar de las críticas sociales, serán los más vitoreados cuando regresen triunfales al suelo patrio, si consiguen volver a ser Campeones del Mundo.

 

Algunos dirán que es la FIFA o la Federación Española con los dineros que les ceden aquellos los que sufragan estas primas. Con todo no se entiende esta decisión teniendo en cuenta que estamos en un país con las dificultades que tiene y lo difícil que es para muchas familias llegar a fin de mes. Los responsable políticos del ramo deben reflexionar sobre estos comportamientos tan inadecuados, sobre todo cuando se constata que ha habido recortes en sanidad, educación, investigación, justicia, etc, etc. Y la cara que da el país no es precisamente de opulencia; antes al contrario, salta a la vista el paro y la pobreza de muchas personas. Todo ello nos hace preguntar si seremos el país más rico del mundo o si nos hemos puesto una venda delante de nuestros ojos para no ver la crisis que nos azota. Este tipo de decisiones supone un agravio comparativo con aquellos otros que asimismo hacen la “marca” España por el mundo, pero desde la honestidad de sus profesiones.

También es una injusticia,mirado con estos ojos, para las gentes de nuestros barrios que se las ven y se las desean para darles de comer a sus hijos por la falta de trabajo, frente al engaño de las preferentes y los desahucios o frente a la situación de tantos inmigrantes que llegan a nuestras fronteras. En fin, es un tema para reflexionar y para meditar en estos días que nos brinda la Bajada de la Virgen del Pino a la capital, y a la que se han acercado miles de personas, de isleños, muchos de ellos en situación delicada y con problemas económicos. Que conste no estamos contra el Fútbol y este Mundial. Estamos, eso sí, en contra de los que creen que para conseguir un entorchado de Campeones, todo vale. Incluso restregarnos eso miles de euros por darle patadas a un balón y ser lo mejores en esa especialidad… Esto debe sonrojar la cara a más de uno de los que se dicen administradores de nuestros impuestos y a los que van alardeando de ello por esos mundos de Dios.

Cuando más  falta  hacía un político de sus características, Adolfo Suárez se nos ha ido, en

silencio, mostrándonos un bagaje personal que más de un dirigente de hoy en día quisiera para sí.

Adolfo Suárez ha estado en boca de todos estos días horas antes de su fallecimiento en la Clínica

Cemtro de Madrid, y tras sus honras fúnebres, en unos funerales de estado en los que no ha faltado

nadie. Ni los que lo vapulearon entonces, cuando presentó su dimisión como presidente del

Gobierno de España, ni los que en todo momento le apoyaron, han regateado elogios a un hombre

que lo fue todo en la Transición. Fue capaz de echarse a sus hombros  todo un país sumido en una

dictadura , y situarnos entre las democracias europeas, con un prestigio y altura jamás vivida en

nuestro país. Como diría S.M el Rey, don Juan Carlos, “el ejemplo que nos deja, muestra que

juntos podemos superar las mayores dificultades”.

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