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Dignidad en la vida y en la muerte Por Nieves Ramos |
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Menudo lunes informativo tenemos. Es difícil abstraerse a lo que los medios de comunicación han convertido en noticias preferentes este fin de semana: la llegada de las marchas de la dignidad a la capital del Reino y la muerte de Adolfo Suárez.
Resulta curioso que las dos noticias coincidan en el tiempo, como para hacerse la pascua una a otra pero no, las cosas no pasan por casualidad y donde quiera que esté el maquinista de la transición española debe estar, por una lado partiéndose de risa y por otro, preocupado con ese rostro pensativo y meditabundo que hemos visto en algunas de sus imágenes, al ver cómo se ha ido desarrollando esa democracia con la que se comprometió.
Harto de risas al escuchar tanto halago de quienes seguramente lo pusieron a caldo durante su etapa de presidente y posterior declive, si declive porque Adolfo Suárez, ese que está a punto de subir a los altares del cinismo político salió de la política harto de su gente, que como bien nos ha contado Cuéntame, abandonaron el barco como ratas ante el naufragio.
Siempre me ha parecido que Adolfo tuvo momentos muy duros que lidiar y que probablemente sin su gestión hoy no tendríamos esta democracia pero me parece tanto o más valioso cómo se fue, el si supo que dimitir no es un nombre ruso, ni se sentó en los Consejos de Administración de las grandes empresas con salarios multimillonarios, ni se le ha conocido cuentas en Suiza, se fue con dolor a seguir viviendo una vida dolorosa en su casa, azotada por esa enfermedad tan jodida llamada cáncer. Por eso, ahora que ni su cuerpo ni su cabeza están sujetos a las leyes de este mundo debe estar sonriendo socarrón ante tanto halago y tanta hipocresía mientras en las calles, ya nadie puede prometer ni promete, un cambio de rumbo ante una sociedad que se desangra con el paro, la corrupción, la desconfianza política y las brechas entre quienes acumulan sin medida y quienes se ven cada vez más abocados a la desesperanza y el hastío.
Madrid se llenó este fin de semana de gente venida de todos los territorios que reclamaban dignidad, si, dignidad que no nos traten como cifras, como números, como piezas de un ajedrez en el que se mueve ficha en función de lo que dicen los mercados internacionales que no tienen presente que detrás de las fichas hay personas, derechos y mucha dignidad.
Por eso, desde algún lugar del universo, el Adolfo Suárez de entonces, el que no se olvidaba de las caras, estará más pendiente del desarrollo de estas marchas, del dolor de esta gente, de la deriva de la sociedad francesa, girando hacia la extrema francesa que de esos tres días de luto oficial porque ya de lutos y de olvidos debe estar este hombre bien servido.
Y para concluir este fin de semana movidito, recordarles que el próximo jueves en el Aula de Piedra de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, organizado por el Instituto Canario de Igualdad celebraremos una jornada para seguir promocionando a nuestra Economía Social y solidaria como una apuesta seria para seguir trabajando por la justicia y la dignidad de todas las personas. El jueves a partir de las cuatro estaremos en Las Palmas.
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