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Con el Comercio de Teror como en Fuenteovejuna Por Nieves Ramos |
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Si no recuerdo mal se está celebrando en nuestro Municipio el centenario de la manifestación que tuvo lugar en la Calle Real para defender los derechos del pueblo Terorense en la Fuente Agria. Las noticias que voy siguiendo a través de los distintos medios de comunicación ponen de manifiesto la necesidad de buscar nuevas formas para mantener esos derechos que con tanta velocidad nuestros pueblos van perdiendo. La reforma de la administración pública local propiciada por el Gobierno Central está poniendo a los pies de los caballos muchos servicios cercanos a la ciudadanía que me temo no sean resueltos por los gobiernos autonómicos o los Cabildos Insulares. La mala gestión de muchos Ayuntamientos, que la ha habido y mucha, teniendo que salir el gobierno central al rescate de los proveedores endeudados, no justifica que la administración más cercana a la ciudadanía deje de prestar unos servicios más que necesarios para mantener mínimamente el estado del bienestar. Control del gasto, si para todo el mundo, anulación de los derechos, no para nadie.
Hoy he leído también otra noticia que va en detrimento de esos servicios a la ciudadanía en nuestro pueblo y otros pequeños que encuentran en el comercio local una actividad de supervivencia importante. La apertura del comercio en la ciudad los domingos pone también a los pies de los caballos al comercio terorense y al mercadillo tradicional visitado en festivo por quienes disfrutan del ocio mientras se llevan la compra o aprovechan para dejar resuelto el regalo de bodas en casa de Kiko el de Fefita o comprar el chándal para el chiquillo en Ca’Esther que crece sin contención posible.
Soy una defensora a ultranza de nuestro pequeño comercio, de las tiendas de toda la vida que te conocen, a las que les puedes comprar fíao porque pasas el domingo a pagarlo (recuerdo la hermosa libreta grande que tenía Pepe el de la ropa, cuando pasaba por mi casa con los fardos). El comercio de proximidad nos sirve los productos pero fundamentalmente hace que también la riqueza se quede en casa, no vaya a parar a las multinacionales que derivan su dinero a otros lugares. Si nos compramos unos a otros, el círculo se cierra, podemos mantener los puestos de trabajo y hacer que bares y supermercados también perduren. Me costaría mucho reconocer un pueblo donde no puedas sentarte con las bolsas de la compra en la mano a tomarte un bocadillo de vueltas en casa de Mari Cruz.
Pero mantener estos puestos depende no solamente de la gestión política que hagan los representantes del comercio, depende fundamentalmente de la capacidad movilizadora de la ciudadanía, del compromiso de los vecinos y vecinas de Teror para seguir comprando en las tiendas del municipio, de la constatación de que si queremos comer duces de Benitez, hay que encargarlos porque a las once de la mañana está agotado. La voracidad de los grandes almacenes solamente puede ser contrastada con la solidaridad y “hacer piña” que hagan los pequeños. Si no, y como ya ha demostrado la historia reciente, allí donde se cierra un comercio de toda la vida, con calidad y calidez, aparece un chino que solamente nos ofrece productos a bajo coste, de corta duración y con un sistema de trabajo y vida que desde luego no quiero ni para mi ni para mi pueblo.
Quizás es hora de quejarse menos en los bares, en las tiendas, en los corrillos y como en el año 1914 defender los servicios de proximidad, entre ellos el comercio porque si desaparecen con ellos una parte importante de nuestra historia se va.
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