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425 Aniversario de la Capitanía General de Canarias |
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El siglo XVI en Gran Canaria, del que apenas recordamos los ataques de Drake y Van der Does, ó los ciclos económicos de la caña de azúcar y de una vitivinicultura incipiente, fue en realidad una centuria de un dinamismo que hoy nos resulta muy atractivo, sugerente e ineludible para la conformación de una correcta memoria histórica insular, vital en la génesis de ese espíritu emprendedor y de esa vocación atlantista en la que hoy debe profundizar el Archipiélago cuando mira al futuro, elocuentísimo en la génesis de las corrientes culturales que, en el transcurso de los siglos, han dibujado una particular imagen de las islas ante la mirada propia y foránea.
Fue precisamente en ese siglo XVI, se cumplen 425 años este año 2014, cuando por una real providencia firmada en marzo de 1589 por el Rey Felipe II se creó una de las instituciones que ha vertebrado y protagonizado no sólo los orbes defensivos y políticos del Archipiélago, sino cuya actuación, en muy distintas circunstancias y épocas, trascendió a otros campos como el económico, el social e incluso el artístico y el cultural, dejando una amplia y sólida estela que se puede rastrear y palpar por todas las islas.
Me refiero sin duda a la Capitanía General de Canarias cuyo aniversario comienza a conmemorarse hoy en Las Palmas de Gran Canaria; una conmemoración a la altura de una histórica y trascendental institución, como lo fue también en aquel siglo la creación de la Audiencia de Canarias, que durante mucho tiempo unió su destino a la de la Capitanía General, ya que los Capitanes Generales aunaban los cargos de Presidente de la Audiencia y de Regente, con sede principal en Gran Canaria, según disponía explícitamente la mencionada Real Orden.
Los Capitanes Generales de Canarias residieron oficialmente en Las Palmas de Gran Canaria desde su primer establecimiento en 1589, cuando D. Luis de la Cueva y Benavides se asienta aquí y toma posesión de este nuevo cargo, y a través de distintos períodos hasta que en 1656 el general Alonso Dávila y Guzmán traslada su residencia a Tenerife, aunque en realidad el primero que obtuvo autorización real para elegir su residencia fue Jerónimo de Benavente, que en 1661 se estableció en la actualmente denominada “Casa de los Capitanes Generales” en San Cristóbal de La Laguna.
Cualquier referencia a la sede de la Capitanía General de Canarias en Gran Canaria no se puede, ni se debe, desvincularla de la sede de la Audiencia de Canarias, dado que, como ya se ha visto, lo trascendental del nuevo cargo creado por Felipe II reside en la unificación con los otros dos cargos ya existentes, el de Presidente de la Audiencia y el de Regente.
Un Aniversario señero para la conmemoración y el estudio de una institución que, como ha señalado el profesor José Antonio Escudero, en el prólogo a la importante obra de María Dolores Álamo Martell sobre “El Capitán General de Canarias en el Siglo XVIII”, “…si fue una figura clave de la administración militar en el siglo XVIII, y en última instancia, de la historia militar de la España moderna…”, en Canarias “…empapa a la postre la vida del Archipiélago, con lo que el relato de sus azares civiles y políticos es también el relato de la vida canaria en los ilustres tiempos de la ilustración…”, en incluso desde mucho antes, desde cuando D. Luis de la Cueva ya paseaba su señorío por la Plaza de Santa Ana entre 1589 y 1594.
No es de extrañar que el propio primer gran poeta de las islas, Bartolomé Cairasco de Figueroa, que conociera y tratara al propio D. Luis de la Cueva, que viviera muy de cerca y cantara las hazañas ante los ataques de Draque y Van der Does, no dudara en proclamar en verso como “será Canaria Militar princesa…”, verso que hoy resuena con el mismo repique de jubiloso de las campanas catedralicias.
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