Sin categoría

APUNTE 05/11/2013

el_apunte_cabecera

Jornadas de la Mar y por la Mar
Por Juan José Laforet                                                                                                                                

                                                                   laforet_apunte

La importancia que para Canarias tuvieron los viajes y los viajeros científicos en la época de la ilustración en el siglo XVIII, que escogieron a las islas como un punto de escala no sólo logístico, sino de relevante valor para sus investigaciones y estudios, ese momento que también supuso que se concretara la necesidad de contarse en Gran Canaria con un gran puerto, para el que ya se pensó en las magníficas posibilidades que ofrecía la rada natural de la Bahía de las Isletas, donde el Teniente General de la Armada Domingo de Nava Grimón y Porlier, oriundo de La Laguna e hijo del Marqués de Villanueva del Prado, ya proyectará su construcción en un informe que presentó al Ayuntamiento de Las Palmas el 20 de noviembre de 1875, así como el devenir de esos proyectos y su concreción en un moderno puerto que aún en la actualidad no ha dejado de crecer y adaptarse a todas las más modernas exigencias portuarias y navales, el recuerdo de buques históricos en las islas, como el “Correíllo La Palma”, ó de marinos ilustres de esta isla, como el inolvidable Comandante de Marina Pedro del Castillo Westerling, con el trasfondo del trescientos aniversario de un marino no sólo destacado, sino ineludible para cualquier historia de la navegación sea española, europea o universal, como fue Jorge Juan Santacilia, constituyen el trasunto y el eje fundamental de las V Jornadas Navales grancanarias que desde 2005 promueve la Real Sociedad Económica de Amigos del País de esta isla –que surgió precisamente en aquellos años ilustrados, y de la mano de un obispo ilustrado, fray Juan Bautista Servera–,  con la colaboración de la Armada.

Muy al contrario de lo pensado por muchos y decididamente defendido por algunos, Las Palmas de Gran Canaria, la isla en su conjunto, como el Archipiélago en buena parte, no sólo no vivieron de espaldas a la mar, sino que su vinculación ineludible a ella forjó gran parte de su carácter e idiosincrasia, formuló muchas de las claves de su identidad urbana, contribuyó a modelar su legado cultural, y se manifestó muy patente en el ser y sentir de sus gentes; personalmente siempre me llamó la atención que en esta isla la enorme devoción por la Virgen del Carmen no sólo estuviera enraizada en poblaciones y núcleos costeros, portuarios y pesqueros, sino que apareciera desde tiempos inmemoriales en los puntos más alejados de la mar –que aquí nunca está lejos-, en el interior de su abrupta geografía de medianías y cumbres. La propia Real Sociedad Económica en sus primeros años de trabajo como ámbito de opinión, de impulsión de proyectos de progreso social, cultural y económico, de conjunción de iniciativas, de aspiraciones, de ideas, en las últimas décadas del siglo XVIII ya destacó por las innumerables propuestas que defendió y llevó a cabo en relación con el orbe naval. Un pionero foro en temas de la mar isleña en  el que ya en 1778 se debatía la necesidad de impulsar sectores como el de la pesca del salado en la costa de África o el de la pesca de ribera en las islas, se estudiaba las posibilidades de establecer en la isla la pesca de la ballena a la que, como señaló Viera y Clavijo en su extracto de las actas de esta sociedad,  “…miran las naciones como un manantial de riqueza y por cuyo logro no perdonan afanes ni peligros…”, que promovió la implantación de industrias locales para proveer de jarcias y lonas a los buques que aquí se fabricaban o se reparaban, o que a mitad del siglo XIX, cuando muchos apostaban simplemente por la ampliación del pequeño embarcadero del Muelle de Las Palmas, se involucró decididamente en la reivindicación de un gran puerto en la rada de Las Isletas.

Así, no es de extrañar que cuando la Real Sociedad Económica de Amigos del País decidiese instituir permanentemente la celebración bienal de unas Jornadas Navales, tras el éxito obtenido con las celebradas en el año 2005 en homenaje a la Armada, en el Bicentenario de la Batalla de Trafalgar –efeméride naval en la que estuvieron presentes ilustres marinos oriundos de Canarias como el entonces Teniente de Navío, y futuro Jefe de Escuadra, Domingo Monteverde y Rivas, embarcado en el mítico navío “San Ildefonso”, ó el Capitán de Fragata, que llegaría a alcanzar el grado de Teniente General de la Armada, Pedro Tomás de Mesa y Baulén que participó como segundo comandante del “Rayo”, nombre que en la actualidad ostenta el modernísimo Buque de Acción Marítima con base en el Arsenal de Las Palmas que se podrá visitar con motivo de estas V Jornadas Navales–, encontrara enseguida no sólo el respaldo decidido de la Armada, su más estrecha y eficaz colaboradora en todos estos años, sino el de la sociedad grancanaria en su conjunto que entendía perfectamente el carácter y la necesidad de una actividad que, desde la sólida base de su propia historia, permitía acercarse a la realidad presente y las perspectivas de futuro de un ámbito sin el que precisamente no habrá futuro, ni progreso, posible para estas islas.

Cinco ediciones de las Jornadas Navales en las que sobre todo se ha resaltado el íntimo sentimiento de las gentes isleñas por todo lo marítimo, una pasión isleña que describió magistralmente Tomás Morales, en sus “Poemas del Mar”, al exclamar: “El mar es como un viejo camarada de infancia/ a quién estoy unido con un salvaje amor;”

Compartir en redes sociales