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Con Triana de Rocío pál Pino |
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Como cada año, el domingo pasado, la Hermandad grancanaria que lleva al Rocío el nombre de la Isla como bandera que se recibe con enorme satisfacción, la Hermandad que cada mes de octubre, desde comienzos de los años ochenta del siglo pasado, pero especialmente desde 1997, envuelve de primavera las calles capitalinas y los caminos de Teror para ir de romería y ofrenda a la Madre de Dios, patrona de grancanarios y rocieros, de terorenses y de onubenses, en un fervor que es universal y también tiene en la mar sendas de siglos que cada año vuelven a cruzar, volvió a cumplir con su anual peregrinación a la Basílica de Teror. .
Esta romería, este “rocío” propio y singular de la Hermandad isleña, se ha convertido, en las últimas tres décadas en una fecha esperada y añorada por cientos de grancanarios, tanto en Las Palmas de Gran Canaria, donde se agolpan por las aceras de Mesa y López ó León y Castillo y ya en el Parque de San Telmo para disfrutar del enorme colorido de la comitiva que, con jinetes a lomos de espectaculares caballos, coros y peregrinos de trajes multicolores, acompañaban la carreta con el “Simpecado”, el principal símbolo sagrado de cada hermandad, como en la Villa Mariana de Teror, donde el pueblo entero tiene ya a este día por una de sus fiestas grandes, una efeméride que les recuerda su permanente hermanamiento mariano con los santuarios de la “Virgen del Rocío”, muy cerca de Almonte, y de Nuestra Señora del Pino de la localidad de Niebla, ambos en Huelva.
De nuevo la jornada romera del sábado comenzó muy temprano, cuando, a primeras horas de la mañana, los peregrinos a Teror se fueron concentrando en la amplia explanada del Cuartel de Aviación del Paseo de Chil, para asistir a la “Misa de Romeros”. Terminada la celebración, y tras el canto de la “Salve Rociera”, con la inquietud y la alegría enquistada en el cuerpo, los romeros se dispusieron a iniciar el camino, cuya primera parte discurre por las calles de Las Palmas de Gran Canaria. El público no sólo aplaudía el paso de los romeros, sino que en más de una ocasión se sumaba a sus cantos, no faltando quienes se les iban los pies, y el alma, por unirse a la comitiva y marcharse con ella pál Pino; algo que no sería nada extraño que ocurriera, pues el fervor “rociero” siempre ha brotado espontáneo en el corazón de la buena gente, y las hermandades han estado dispuestas – e incluso así lo disponen sus “reglas” – a acogerles, pues, como ya resaltó el sacerdote y distinguido rociero sevillano Fernando Gelán, el Rocío es, ante todo, compartir, compartir una fe “…como en el camino se ha compartido el pan, el vino, el charré, la carriola o un trozo de manta…”
Ya en el Parque de San Telmo el ambiente rociero era una auténtica y palpable realidad que se contagiaba a cada paso, como anunciaba una voz ya tradicional y sonora en estos ámbitos marianos isleños, la del periodista Santiago García Ramos, que con palabras encendidas y versos que eran un cantar, anunciaba el hermanamiento –nunca mejor dicho- de dos hermandades, la de Nuestra Señora de Los Dolores de Triana, que año tras año ha esperado amorosamente la llegada de los romeros en el Parque de San Telmo, junto a su antigua y hermosa ermita marinera, para despedirles y desearles el mejor camino pal Pino entonando un Ave María y una Salve Rociera, y la Real Hermandad de Nuestra Señora del Roció de Las Palmas de Gran Canaria, que en pocos años ha echado raíces verdaderamente isleñas en una tierra que comparte sus fervores y sentires por derecho, historia y tradiciones compartidas.
Luego, por caminos reales, sendas y carreteras hacia la Finca de Osorio, donde se acampa, tras el rezo del Santo Rosario al anochecer, para esperar la jornada del domingo en la que, con sus mejores galas, los peregrinos y su “Simpecado” caminan hasta la Basílica del Pino para ofrecer su anual ofrenda a la Virgen del Pino y cumplir así con una de sus más queridas y añoradas obligaciones de Hermandad, ahora aunada a la de Triana. El pueblo de Teror, con su Alcalde al frente, Juan de Dios Ramos Quintana, les acoge, les aplaude y les acompaña, pues se siente también parte de una hermandad que, con su Virgen del Pino al frente, les une a muchas otras tierras y devociones más allá de las sendas isleñas.
Al recordar todo lo que acontece en este fin de semana rociero, se pueden traer a colación los versos del poeta andaluz José María Gil Buiza que piden exclamar “…a los cuatro vientos/ que en Canarias mi Hermandad/ con cariño y señorío/ tiene en el Nublo un altar/ a la Virgen del Rocío”, que también camina con Triana pá Teror.
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