Jueves, 22 noviembre 2018
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Social
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26/10/18
El proyecto 'Teror Conciencia. Teror Concilia' culmina con reflexiones sobre la sostenibilidad de las vidas en Teror
25_terorconcienciaUna vez desarrolladas las acciones enmarcadas en el proyecto “Teror Conciencia, Teror Concilia”, que la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Teror ha realizado para el desarrollo e implementación de planes en materia de Conciliación y la Corresponsabilidad de hombres y mujeres en la vida personal, familiar y profesional, se concluye con una serie de reflexiones, consideraciones y conclusiones sobre la sostenibilidad de las vidas en Teror.  

El proyecto 'Teror Conciencia. Teror Concilia' realizado por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Teror, que dirige la edil Alejandra Reyes,  está enmarcado dentro del Convenio suscrito entre el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades (IOMI) y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), destacando además el apoyo financiero de la Unión Europea (FSE). Esta actuación está dirigida a facilitar la puesta en marcha de acciones para Fomentar la transversalidad de género en la planificación y Desarrollo de la Políticas Locales, llevando a cabo con talleres cuyo objetivo principal ha sido realizar una reflexión compartida sobre la importancia de los tiempos y espacios de cuidados, y la necesidad de buscar fórmulas de articular las diferentes esferas de la vida. Al mismo tiempo, se ha editado un folleto explicativo e informativo dirigidos a los distintos recursos municipales.

Según se concluye de los talleres impartidos, el desarrollo de tareas de cuidados a otras personas, otros seres vivos, y a uno-a mismo en Teror se supedita, al igual que en resto de la sociedad, a las tareas propias del ámbito productivo, principalmente hablamos del cumplimiento de las responsabilidades en el mercado laboral. Esto, como decimos, no es algo específico de Teror, sino que es propio del contexto socioeconómico en el que vivimos. Hay un consenso generalizado entre las personas participantes en que esas tareas de cuidado (que incluyen tanto las de atención directa como indirecta, esto es, todas las entendidas como “trabajo doméstico”) se realizan “como se puede”, y que depende de las posibilidades y redes de cada hogar el cómo se vayan resolviendo (si se cuenta con más o menos apoyos familiares/informales para cuidar, si se cuenta con más o menos recursos económicos…).

Aunque es una realidad generalizada, también se opina que Teror, al ser un municipio rural, tiene sus propias dificultades, tanto por las ideologías tradicionales muy incrustadas en la sociedad, como por la menor disponibilidad y acceso a recursos que ayuden a solventar estas situaciones. A ello se une además la falta de accesibilidad generalizada y la mayor dependencia al transporte privado (tener o no tener coche).

Por otro lado, si bien se critica esta centralidad del empleo, también se reconoce la necesidad de contar con unos ingresos económicos, y en aquellas realidades en las que hay carencia de estos, las situaciones de cuidado se complican más. Se han dado situaciones de personas que han estado cuidando a otras durante mucho tiempo, y que luego se han visto sin recursos económicos, además de sufrir otras consecuencias en su salud y estado anímico.

Esta situación tiene, principalmente, rostro femenino, ya que siguen siendo mayoritariamente las mujeres las que asumen el rol cuidador, y las que renuncian a otras esferas vitales para desarrollar esos cuidados. Frente a esta situación, se plantean principalmente acciones que muestren otros modelos de mujeres y de hombres, y que cuestionen las ideologías tradicionales tan fuertemente arraigadas.

A pesar de ser una realidad que afecta a mujeres, se ha observado que hay una mayor presencia de cuidadores hombres cuando hay escasez de recursos económicos. Es decir, se han encontrado casos de hombres con escasez de recursos que habían ejercido el cuidado de familiares (padres principalmente). Al igual que las mujeres, esta dedicación había contribuido a su “expulsión” del ámbito laboral, haciendo muy difícil encontrar de nuevo un empleo. Por hablamos de que un ámbito feminizado, como el cuidado, no es valorado socialmente, y que, al contrario, supone en muchos casos meterse en cierta dinámica de exclusión.

 

En la búsqueda de otros modelos deben estar implicados todos los agentes sociales: instituciones, sociedad civil, empresas…, ya que afecta a todos los estratos y ámbitos de la sociedad. En este proyecto, ha sido especialmente complicado trabajar con las empresas, que no han mostrado mucho interés en los talleres, quizás por el tema, quizás por las dificultades para dejar sus lugares de trabajo para acudir a una sesión formativa, quizás por la falta de costumbre de jugar ese rol. Asimismo, los agentes sociales tampoco han participado en gran número. En este caso, la escasa participación puede deberse al horario de los talleres. Se hace necesario, por un lado, continuar el trabajo comenzado con la ciudadanía y las instituciones, a través de acciones de seguimiento y complementarias. Y, por otro lado, diseñar acciones de trabajo con las empresas adaptadas a sus realidades, que enganchen con sus situaciones y, a partir de ahí, se establezcan itinerarios de aprendizaje y actuación.

Para combatir todo esto, además de las acciones que afecten a los modelos y las ideas, es necesario plantear acciones de organización comunitaria, que por un lado, busquen respuestas colectivas a las situaciones de cuidado, y por otro, se organicen para demandar una sociedad más humana, que reconozca la interdependencia de los seres humanos como un hecho ineludible, la necesidad que nos cuiden y de cuidar, y que además, lo integre como un valor central en el diseño de todas las políticas públicas (y no solo las que afectan a las mujeres o los ámbitos sociales). Se trata, por tanto, de “sacar a los cuidados” del ámbito personal, de socializar los cuidados.

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