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MUNICIPIO Crónicas de Teror por José Luis Yánez Rodríguez, Cronista Oficial de la Villa de Teror
Julio de 2007 (Publicado en el Programa de las fiestas de El Palmar 2007) Los caminos de El Palmar
La primera alusión a los caminos del Palmar aparece en las Ordenanzas del Concejo de Gran Canaria de 1531. Este camino, primera referencia documental que hemos encontrado sobre las vías de comunicación del barrio con las zonas cercanas venía desde Teror, pasaba por el Lomo de los Silos y desde allí continuaba por los altos del Palmar, desde donde se dirigía hacia Firgas y el entonces todavía abundante bosque que circundaba esta zona. El texto por su antigüedad es de gran importancia para datar una vía que con mucha probabilidad procediera de la época aborigen:
“ ... y de ay a una vereda que sube por las tierras de Cristóbal Ramírez a dar a las tierras del Espartero a dar a la Caldera a dar al Laureal y a las tierras de Porras que son en Terore y por encima de las dichas tierras a dar al Parral de Juan de Troya e al Barranco del agua a dar a la huerta de Nuestra Señora y el camino adelante a los sylos de Terore linde las tierras de Baeça que van por las cabeçadas de Baeça a dar a la fuente de los Laureles y toda la dicha vereda hasta el camino que va de los engenos de Arucas a dar a la madera del barranco de Firgas que es en la montaña e coman en toda la montaña de Doramas...”
El Palmar se comunicaba con la ciudad de Las Palmas por un ramal del Camino Real de Mar a Cumbre que partiendo de la ermita de San Nicolás llegaba hasta la Villa de Teror para luego continuar hacia las zonas más altas de la isla. De dicho camino nacía otro secundario en el paraje conocido como El Granillar o Granadillar, cerca de San José del Álamo, que bajaba al Barranco de Teror, y subiendo por La Cardonera ascendía luego al caserío del Barranco del Pino y de allí llegaba a La Peña. Este camino también era conocido como camino de las Nieves.
Otro camino de muy difícil discurrir servía para unir La Peña directamente con Guanchía y Teror, a través del Lomo de los Silos. Ésta era la vía utilizada por los sacerdotes que desde Teror venían hasta la Ermita de La Peña cuando llegaban las fiestas de las Nieves o incluso después de crearse la parroquia por los sucesivos párrocos que llegaban la tarde del viernes desde Las Palmas como don Agustín Álamo, o los que vivían en Teror como don Juan Nuez. El trazado, justo al borde del Lomo de Las Caldereras y de los Silos, subía penosamente hasta llegar a los linderos de Osorio donde se unía al que llegaba desde Arucas a través del Palmar.
En la visita del obispo don Antonio de la Plaza el 14 de diciembre de 1786, se refiere a este camino cuando dice:
“Y respecto á que no en todos los días festivos del año ay Missa Ressada en la citada Hermita, por que falta la limosna de particulares devotos, y que esta obra es el culto mas agradable a Dios y a sú Santíssima Madre, ý el de mayor beneficio a los pobres vecinos que havitan las inmediaciones de la Hermita, distante deste Lugar como media legua de camino pantanoso, y muy inconmodo en el Ynvierno…”.
La culminación destacada de los caminos del Palmar fue la construcción de la carretera de Arucas a Teror a principios del pasado siglo. Precedente de esta carretera existía el camino que unía Teror y Arucas desde muy antiguo. Aparece en el Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, de fecha 1 de mayo de 1868, señalándose como uno de los cinco que unían Teror con el resto de la isla. Principiaba su recorrido en el Barranco del Castaño y terminaba en la raya de Arucas, junto a Los Castillos. Su anchura era de tres metros y 33 centímetros y su longitud de cuatro kilómetros.
El sábado, 2 de abril de 1898, el “Diario de Las Palmas” publicaba una pequeña reseña en la que se informaba que el Ministerio de Fomento había aprobado por fin “el proyecto de carretera de Arucas a Teror por el Palmar”; un proyecto que tardaría aún muchos años en verse concluido y que a la larga tanto contribuiría en el desarrollo urbanístico de todo el barrio. No obstante, muchos vecinos de los más ancianos auguraron grandes desgracias para las tierras y gentes del Palmar con esta vía que no hacía otra cosa según ellos que acercarlos a los peligros que los lugares más poblados tenían en relación con la paz en que placidamente vivían. Argumentaban haber sacado esa conclusión de la lectura del libro “Camino recto y seguro para llegar al cielo”, escrito por San Antonio Mª Claret.
Las obras se vieron interrumpidas durante varios años para luego continuarse acabando la década de 1910 y concluirse por fin poco tiempo después. El escritor Francisco González Díaz en su peculiar tono lírico desarrollaba en 1918 la idea de los beneficios que la vía traería para ambos pueblos y la comarca que cruzaría: “La nueva carretera que ha de comunicar estos dos pueblos y estrechar sus relaciones, será acaso la más hermosa de la isla. Desde ella se descubren panoramas que son encanto de los ojos... Sigue en el despliegue de dulzuras y blanduras que el campo nos brinda; preponderan los blancos poéticos y como esfumados deliciosamente sobre los fondos verdes y azules; parecen correr asustadas, al paso del automóvil, las eternas casitas albas y floridas, con sus guirnaldas de rosales trepadores y sus manchas sangrientas de geráneos bermejos; la nieve movible de los rebaños brilla en las cumbres, asaltadas y conquistadas por la bruma, mientras en las profundidades de los valles frondosos espejea el argento de las fuentes, las acequias, y los embalses... La carretera de Arucas, hermosísima, tendrá poco más de diez kilómetros de recorrido; las obras, interrumpidas durante largo tiempo se continúan ahora con mucha diligencia. Dentro de un año, si no sobrevienen nuevos contratiempos y suspensiones, estarán ultimadas. Y Arucas y Teror se acercarán para darse un abrazo de buena amistad, de cariñosa simpatía.”
El 1 de agosto de 1920, acabándose las obras, Juan María Suárez Medina, vecino de Los Cantos y como apoderado de su sobrino Rafael Guerra Suárez ausente en Guayacanes de Cuba, recibía de la madre de éste la cantidad de 76 pesetas que le habían pagado por la expropiación de terrenos destinados a la carretera de Arucas a Teror. Eran tierras que estaban situadas en los últimos parajes adquiridos para la carretera (entre Las Paredes y El Guindo) y con su expropiación terminaban las obras proyectadas desde fines del XIX.
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